Acné a los 30: ¿cuáles son sus causas y cómo tratarlo?

Colaboración de la Dra. Sara Carrasco a la revista TELVA

Si a pesar de que la adolescencia te queda lejos, tu piel se ha llenado de granos y espinillas, toma nota de los consejos de los expertos para ponerle remedio.

El acné no es solo cosa de adolescentes. Aunque es más común en esa etapa por los cambios hormonales que aumentan la secreción sebácea, hay muchas mujeres (y también algunos hombres) que sufren acné a los 30 o pasada esa edad. Hemos consultado con varios dermatólogos que nos han contado las causas del acné adulto y cómo podemos tratarlo para volver a lucir una piel perfecta.

El acné es una enfermedad de la piel común entre los adolescentes, que también puede darse en la edad adulta. De hecho puede ser que nunca hayas tenido granos ni espinillas, y que sufras acné a los 30. Según la doctora Sara Carrasco, dermatóloga y directora de la clínica Sara Carrasco de Bilbao, «además de las lesiones físicas, el acné afecta psicológicamente. A los pacientes jóvenes les preocupa que sus marcas provoquen rechazo social, y a los adultos, que ven esta enfermedad como algo del pasado, afecta a su autoestima, especialmente en las relaciones sociales y laborales».

LAS TERAPIAS MÁS INNOVADORES PARA ACABAR CON EL ACNÉ A LOS 30

Junto a los clásicos tratamientos, han ido surgiendo nuevas técnicas para acabar con el acné como la terapia con fluorescencia. La doctora Sara Carrasco, dermatóloga y directora de la clínica Sara Carrasco de Bilbao, explica que «sirve tanto para tratar el acné activo como para evitar y tratar las cicatrices desde el principio».

Según nos explica la doctora, el tratamiento se realiza aplicando un gel fotoconversor especialmente formulado sobre la piel del paciente, colocado bajo la lámpara de luz azul Kleresca®. Cuando esta luz incide sobre el gel generando una sensación de calor- los cromóforos contenidos en el mismo convierten la luz en fluorescencia que penetra en la piel a diferentes longitudes de onda reduciendo los signos del acné y la inflamación, y atenuando las lesiones que pudieran existir. La terapia con fluorescencia consigue que la propia piel comience a «funcionar bien» por sí misma. Esta activación de los mecanismos de reparación internos de la piel se proyecta, además, a largo plazo, de modo que la mejoría continúa progresando tiempo después de finalizar el tratamiento. La doctora aconseja aplicar el tratamiento durante seis semanas, con dos sesiones semanales.