El tipo de piel es consecuencia de la genética heredada y del estilo de vida que llevamos

Clásicamente la piel se clasifica en seca, normal, mixta y sensible. Esta clasificación es muy útil a la hora de poder recomendar cremas o tratamiento de forma generalizada, ya que necesitamos clasificar la población.

«Como dermatóloga me gusta mucho más trabajar el término piel sana o piel con algún problema a tratar (retención sebácea, deshidratación, hipersendibilidad, o rojeces, por ejemplo). Una piel sana es una piel bella y equilibrada, y es el objetivo de cualquier tratamiento que ejerzamos», subraya en una entrevista con la dermatóloga y miembro de la Academia Española de Dermatología y Venerología (AEDV), Sara Carrasco.

Así, subraya que las pieles sanas pueden presentar hasta tres tendencias:

1. Normal/mixta: En aquellos casos en los que tiene lugar un ligero aumento de la secreción sebácea. Son pieles cuyo estado varía a lo largo del mes con la fluencia hormonal, el estrés o el clima. Presentan un aumento del tamaño del poro y, en ocasiones, comedones o puntos negros de forma localizada.

2. Seca: Presentan una mayor pérdida de agua transdérmica o incapacidad de retenerla, ya sea por el envejecimiento o por la agresión externa o genética. El aspecto es descamativo fino con arruguitas finas de forma prematura.

3. Sensible: Es una piel más fina que no tolera bien las agresiones medioambientales. Con frecuencia conlleva reactividad a cosméticos potentes, y con el paso del tiempo, es fácil observar pequeñas dilataciones de venitas de superficie. En ocasiones, estos pacientes presentan rosácea que podría ser tratada por su dermatólogo.

Según advierte la también directora de la Clínica Sara Carrasco de Bilbao, los extremos de esta clasificación «rozan el problema dermatológico«, y deberían consultarse para recomendar el tratamiento correspondiente. «Si una persona tiene constantes apariciones de granitos o de quistes debería consulta su dermatólogo para que resuelva este problema, igual sucedería en casos de hipersensibilidad, de rosácea o de inflamación de la piel», agrega.

El tipo de piel que presente una persona explica que es consecuencia fundamentalmente de la genética heredada, aunque avisa de que cada día más el estilo de vida del paciente determinará la calidad de su piel.

«Cada vez más estudios de epigenética aplicada concluyen que lo que comemos, cómo vivimos, los niveles de estrés y la climatología determinan la apariencia de las pieles de los pacientes. Por ello, además de utilizar los productos adecuados, es muy importante cuidar la salud de forma integral, ya que la piel es, sin duda, uno de los órganos que más refleja nuestro estado de salud», señala la especialista.