Una radiación hasta 12 veces más potente que la del sol

Mucha gente cree que las cabinas de bronceado son una alternativa segura al sol porque evitan las quemaduras. Sin embargo, esto es un error. Estos aparatos, como explica la doctora Carrasco, funcionan eliminando la radiación UVB, que es la que causa el enrojecimiento, pero mantienen la radiación UVA para conseguir el color. El problema es que la intensidad es desproporcionada. “Emiten hasta 12 veces más radiación VA que emite la radiación natural solar”, advierte la dermatóloga.

Envejecimiento prematuro y daño celular

El envejecimiento prematuro es una de las consecuencias más visibles. El estudio, que siguió a más de 30.000 pacientes, concluyó que la piel de los usuarios de camas solares de entre 30 y 40 años presentaba más mutaciones que la de personas de 70 y 80. La doctora Carrasco señala que esta altísima radiación UVA provoca una “destrucción en la funcionalidad” de las fibras de colágeno y elastina, dejando la piel “poco elástica, como un cartón, como un cuero”.

El melanoma, un riesgo comparable al del tabaco

Más allá de la estética, el mayor peligro reside en el daño al ADN y el aumento del riesgo de cáncer. Según la doctora Carrasco, las cifras son “muy dramáticas”. De hecho, los autores del estudio comparan el nivel cancerígeno de los rayos UVA artificiales con el del tabaco. Usar estas cabinas aumenta las probabilidades de sufrir un melanoma, y el riesgo es aún mayor en la juventud.

Agradecimiento especial a Cristina López Achina

 

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